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Vivimos en una era moderna,
una era cibernética en la que
el acceso a Internet acorta
todas las distancias.
Es una era en la que te enamoras
a través de una pantalla y tu
corazón se vuelve adicto a pasar
las horas en espera de que él
se conecte…
¡Cuánto se puede sufrir con una
relación de ese tipo! Sufres
porque sabes que no puedes sentir
la calidez de su piel, porque
no puedes sentir su respirar y
sobre todo porque no puedes
sentir el aliento de su boca
musitándote al oído lo mucho
que te ama.
La situación muchas veces se
vuelve obsesión, se vuelve
locura…
¿Y qué pasa cuando a pesar de
saber que se aman mutuamente,
deciden terminar con esa
relación a distancia?
¿Qué pasa cuando deciden que
ese amor no lleva a ninguna
parte?
Cuando dan fin a ese sentimiento,
dejándolo oculto en el fondo
del corazón, ¿quién sufre más
de los dos? ¿Quién lleva la
peor parte?
Si tienes un amor cibernético,
sólo vive el momento… y ama,
pero con cautela.
Ten los pies bien puestos sobre
la tierra, porque probablemente
no llegue a su fin deseado.
Aunque por otro lado, quién sabe,
siempre es posible que él venga
a ti y se cristalice esa relación…
y tengan un final feliz.

 1.jpg

El amor no siempre llega cuando
uno lo desea y la verdad es que
tampoco elegimos del todo la
historia de amor que queremos vivir.
Más bien nos vamos dejando llevar
por las circunstancias y vamos
entrando en esa lucha entre
cerebro y corazón.
Aconsejo no llorar por alguien
que ya está sonriendo al lado de
otra persona.
Nunca cambies a alguien que te
quiere por alguien que te gusta.
Por que?. Sencillo. Quien te
gusta te da ilusión pero quien
te quiere te valora.
No pierdas lo bonito que la vida
te ha dado por una simple ilusión.
A veces gana el cerebro y otras
veces gana el corazón, pero
nunca es fácil acertar.

2.jpgPero hay amores imposibles que
requieren del sacrificio de la
separación, del silencio para
que no se malogren y conviertan
a sus protagonistas en unos
desgraciados.
El hombre aprende a amar a la
mujer que desea y la mujer
aprende a desear al hombre que
ama.
El único que merece una segunda
oportunidad, es quien no
desperdició la primera.